Cumpliendo propósitos

05.01.2016 17:56

Hoy ha sido un día especial y de propósitos cumplidos. Sin duda ha sido una manera muy bonita de comenzar el año. Trabajo en la planta tercera de un edificio. Hace cinco años sólo estábamos ocho personas en la planta. Como consecuencia de la redefinición de los puestos de trabajo y reubicación de los departamentos, a nuestra planta se fueron incorporando nuevas personas de otras áreas.

A día de hoy somos veinticinco personas en toda la planta. Supongo que como en todos los lugares de trabajo hay multitud de rencillas diarias que van cogiendo intensidad en la sombra. En mi departamento somos únicamente cuatro personas y nos dedicamos a viajar la mitad del tiempo, así que no nos percatamos de las idas y venidas de los demás. Cuando alguna “aliada” de la planta nos pone al día de cuanto en cuanto de las aventuras que en paralelo van aconteciendo sobre el mismo suelo, no podemos evitar poner caras de sorpresa.

A veces pienso que vivimos en un Gran Hermano del que entramos y salimos para coger el avión y ausentarnos durante una o dos semanas cada mes. Como no nos ven a diario nadie nos confía sus secretos pero en realidad la posición que ocupamos es privilegiada. Somos neutrales. Gozamos del privilegio de hablar y reírnos con todos ellos (como somos raritos tampoco lo hacemos con frecuencia), mientras que en su mundo esto es imposible. Unos no pueden ver a otros. Si se organiza una cena y viene un grupito, con total certeza el otro grupito no vendrá. Hay personas “sueltas” que aun llevándose bien con ambos bandos no quieren secundar convocatorias conjuntas por miedo a perder la simpatía de un bando o de otro.

Esta mañana víspera de Reyes se me ocurrió reunir a toda mi planta con la excusa de comer un par de roscones “antes de que nos toque la lotería y no nos volvamos a ver”. Al principio lo comenté con algunas aliadas independientes que no estuvieron por la labor de hacerlo extensivo al resto de la planta. De pronto comencé a recibir en mi mesa la aportación de tres euros por parte de algunas personas conocedoras de la propuesta… bajo la atenta mirada del resto de la planta que ni de lejos conocían la existencia del plan.

Pedí a una compañera que me listara todos los nombres de las personas que estaban en la planta tercera y decidí enviar una convocatoria conjunta por correo electrónico. No sabía cómo iban a reaccionar. Entre los convocados estaban también los jefes de las distintas áreas que nunca acudían a ningún evento del staff y que además eran piezas clave en el tablero de juego. Convoqué a todos.

La gente iba acercándose a mi mesa con los tres euros, otros buscando cambio… pero la realidad es que había movimiento en el ambiente. Cuando una persona se acercaba otra se animaba y así continuamente. Finalmente conseguí reunir a veintidós personas de un total de veinticinco (dos bajas sin motivo claro y una ausencia).

Debo confesar que esta acción también conllevó establecer mi primer contacto con una persona que me interesaba desde hacía tiempo. Hasta el último minuto se resistió pero al final se me acercó y surgió el encuentro. Un encuentro que ya empezaba a manifestarse en mis sueños (por lo imposible o lejano que lo veía). Pues bien… por fin surgió el esperado momento a partir del cual una ventana se abre.

Cuando vi las veintidós personas reunidas alrededor de mi mesa comiendo un trozo de roscón y bebiendo una copita de cava, me di cuenta de que no iba a ser una despedida porque nos fuera a tocar la lotería del Niño al día siguiente, pero sí iba a ser una despedida de alguna manera. Me encantó reunirlos aunque fuera por una vez, y me encantó poder decírselo en persona mientras nos encontrábamos de pie en el mismo corro. Mis palabras fueron a parar directamente a los ojos de una persona: “Me alegro… de que estemos aquí”.

Esta noche llegarán los Reyes Magos a puerto. Tal vez mañana la ventana de la que os he hablado se abra y dé paso a un sol radiante para el 2016 en adelante.