Lo que nos quita el sueño... y lo que no

13.11.2016 22:08

¿Hay algo en particular que os quite el sueño? ¿Tal vez una discusión reciente, un problema no resuelto o un sentimiento con el que no sabéis qué hacer? En mi caso particular un problema no resuelto no me quita el sueño, probablemente porque pienso que si dicho problema tiene una solución llegará en su debido momento. Tengo confianza en mí y en cómo iré manejando la situación. Además, también pienso que los sueños nos inspiran a resolver la vida, así que más vale que no nos quiten el sueño.

Me he dado cuenta, aunque parezca muy obvio, que lo que me roba el sueño son las emociones profundas, más las positivas que las negativas. Deslizo el edredón a un lado para hacerme un hueco en la cama, busco con las piernas mi cojín y me lo coloco justo debajo de las rodillas. Acerco mis manos al cuello y estiro suavemente mi cabello desde la raíz hasta las puntas de forma que la almohada queda totalmente cubierta por mis mechones. Siempre he pensado que visto desde el techo sería una imagen muy bonita (y algo vampírica). 

En esa postura, con los ojos cerrados y las manos sobre mi barriga en contacto directo con mi piel, es cuando comienza la aventura. La media hora programada en la televisión siempre se acaba poco después de acostarme. En realidad la utilizo para aprovecharme de su luz tenue y evitar desvelarme mientras voy al baño.

Las imágenes brotan en mi mente. Normalmente imágenes que resumen mi día. Imágenes o escenas (incluyen conversaciones) que de alguna manera han marcado un trocito de mi vida. Miradas, sonrisas, situaciones graciosas... es como si las volviera a vivir. En ocasiones escojo alguno de esos momentos, lo congelo y creo mi propia película. Me encanta quedarme dormida mientras construyo mi propia historia. No tengo palabras para describiros la sensación que me invade cuando consigo que esa historia continúe en mis sueños. Por supuesto esa sensación la vivo cuando me despierto y me dispongo a repasar mis sueños. Si no tenéis la costumbre de recordar vuestros sueños os recomiendo que cada mañana al despertar le dediquéis cinco minutos a hacerlo. Con la práctica lograréis recordarlos y os garantizo que no os quedaréis indiferentes.

Algunas noches cuando me dispongo a construir mis historias, me doy cuenta de que el sentimiento que me ha causado la imagen original (real) es muy profundo. Creo que la descripción más precisa para poder transmitiros el calado de esta emoción podría ser que "su sonrisa, su mirada o sus palabras me tocaron el alma" y que "no fui consciente del tiempo ni del lugar durante aquel preciso instante". Estos momentos originales me quitan el sueño cuando estoy en mi posición vampírica, lo que da lugar a aventuras interminables tanto en mi estado de vigilia, de duermevela o finalmente (muy finalmente) de sueño. Inevitable.

Sin embargo, como en toda vida de este mundo, hay excepciones que no consigo explicar, y que al igual que han hecho los grandes científicos de la historia con aquellas observaciones que no encajaban en sus postulados, yo también opto por decir que "hay excepciones que confirman la regla". Es tanto así que cuando he conocido a alguna persona que realmente me ha gustado y que sabía que al día siguiente nos íbamos a ver, he vivido dos situaciones diametralmente opuestas: he dormido como un bebé o no he pegado ojo. ¿Cuál es la diferencia que ha provocado esta reacción tan contraria? Algunos pensaréis que la respuesta es "blanco y en botella", pero no es así. No es que una persona me gustaba mucho más que la otra... no exactamente.

Una vez dejo que los sentimientos me marquen el camino, me gusta aprender de ello, así que normalmente suelo analizar "lo que ha sucedido dentro de mí". Me ayuda a tener un mejor autoconocimiento y a darle una estructura más comprensible a algo que a priori no la tiene: el mundo de los sentimientos. Los sentimientos tienen color (y hasta tienen olor) pero no tienen estructura, así que me gusta darles forma para que mi mente no se vuelva loca y siga siendo mi aliada. Para mí, mi mente es como un león que llevo dentro y que debo alimentar constantemente para que no acabe por comerme a mí (me río... pero es verdad).

He descubierto que lo que no me genera muchas dudas me da tranquilidad, lo que se traduce en poder dormir bien, aunque también en una pequeña amenaza a perder mi intimidad. Creo que en este pequeño matiz yace la verdadera causa por la que algunas personas, a pesar de que me gustan mucho, no me quitan el sueño. En el fondo no siento que tengo que luchar demasiado por estar a su lado, al contrario, presiento el riesgo de sentirme invadida, lo que de alguna manera hace que la llama de la pasión permanezca controlada, en guardia. En conclusión, no me generan una explosión de sentimientos capaces de dejarme sin descanso toda la noche.

Sin embargo, hay otras personas que me gustan mucho y que me quitan el sueño. ¿Por qué? Sobre todo porque detecto una dificultad o adversidad para estar a su lado. Detecto que la aventura podría convertirse en un reto de ansiada consecución y que como los triatletas, se necesita estar en forma, entrenarse cada día y autosuperarse, mientras la ilusión por alcanzar el objetivo es cada vez más impaciente e intenso. En el deporte puede resultar una forma de vida emocionante, pero en el amor... es un camino sin final.

Desde mi punto de vista creo que cada persona debemos escoger aquello que nos hace felices, lo que significa que no tiene por qué ser lo mismo para todos. A la mayoría de las personas les hace felices el hecho de visualizar un final feliz, una vida estable, segura y tranquila, con pocos cambios que les obliguen a salir de su zona de confort y aventurarse en la incertidumbre.

El otro día una amiga me preguntó: "¿Tú no te lo pasas mal cuando ves que transcurren los días y no has logrado ningún avance con esa persona?". Me hizo pensar por cinco segundos y mi respuesta fue muy clara: "Creo que en cuanto al mundo emocional (con los demás) me he acostumbrado a vivir en la incertidumbre, en no saber lo que sucederá, ni cuándo sucederá, ni si sucederá. Y precisamente ese hecho incierto es lo que mantiene viva mi ilusión del amor".