Mi despertar

03.03.2014 10:57

“La cabra siempre tira al monte”. Éste es mi refrán preferido, o al menos al que siempre llego después de divagar entre frase y frase. Mi cabra particular ha encontrado su camino muy poco a poco, gracias a sus patitas, su hocico, su olfato, su paciencia y una minúscula pero intensa confianza en sí misma.

Cuando decimos que seguir en la dirección de nuestros sueños nos llevará a un éxito inesperado, tiene mucho de verdad, aunque el éxito no sea necesariamente público. Simplemente me dejé llevar. Disfruté con cada paso que di, observándome crecer día tras día. Yo misma alcanzaba mis propios obstáculos y los derribaba, una y otra vez, hasta llegar a un resultado (no final) que nunca planifiqué ni deseé de forma consciente.

Tengo mi propio álbum grabado en un CD. Al no ser una aventura compartida no he sido del todo consciente de lo alcanzado, aunque en cierto modo he respirado de las inmensas alegrías que sólo un proceso así puede regalarte a lo largo del camino. Me siento afortunada y orgullosa de mi niña, que soy yo. Ha demostrado un gran coraje. Sólo le faltó crecer, ser mayor, adulta, para coger las riendas de su destino y ser lo que ha sido llamada a ser. Desde el fluir de la vida todo tiene sentido. Nada es fácil, pero pocas cosas son imposibles. Lo imposible lo decides tú.

La madrugada del viernes al sábado acabé de imprimir las etiquetas y carátulas de mi CD. Las fotos que preparé no se plasmaron como esperaba. La producción casera tenía sus limitaciones, y así lo acepté. A la mañana siguiente me dispuse a recortar la portada, el “back” y lo que iba a ser el librito interior para montar mi primer ejemplar. Se lo quería regalar a una amiga especial ese mismo día. Iba a ser una sorpresa absoluta. En cuanto lo tuve entre mis manos fue una sensación extraña. Era como si estuviera acariciando un diamante en bruto escondido en una cajita antigua durante siglos, que nadie echaba de menos y que nadie esperaba encontrar; pero que de alguna manera, sabía que alguien desde algún rincón del planeta se sentiría maravillado ante su inmenso valor.

Las palabras de aliento de mi amiga fueron muy oportunas, como siempre. Jamás me juzgaba. Y aunque para ella encontrarse con mi CD de un día para otro debió ser impactante, supo tener la capacidad de acoger con cariño mi lado menos conocido, de verlo con gran objetividad y valorar la historia que había detrás de todo aquello. Fue realmente un acierto compartirlo con ella.

Ayer estuve toda la tarde en casa trabajando en una versión de una cantante muy famosa. Durante la semana hice algunos intentos que me parecieron “horripilantes” y sinceramente, me desmotivé. Pensé que no estaba a la altura de ni siquiera querer imitar a las grandes. Después de haber estado con mi amiga y su familia, después de recibir su feedback con lo bueno y lo malo, me sentí con fuerzas para volver a intentarlo. Sabía que lo podía hacer. Era cuestión de práctica y paciencia.

Lo conseguí. Cuando escuché mi milésima grabación y yo misma vibré con mi voz, supe que ya lo tenía. Se la envié a mi amiga. Le pertenecía. Me sentí muy agradecida de lo que provocó en mí. La fuerza para superar mis propios límites, de creer en mí y de resurgir rompiendo nuevas barreras. Nunca sabemos dónde encontraremos el sustento para nuestra alma, pero no debemos alejarnos demasiado para buscarlo.