Mozart, genio musical y ser imperfecto

19.01.2014 15:22

Juan Crisóstomo Wolfgang Teófilo Mozart nació en Salzburgo el 27 de enero de 1756. Incomparable genio de la música, era capaz de componer una sinfonía en media hora, interpretar a primera vista y con una perfección brillante cualquier obra de evidente dificultad técnica, y emocionar a la ciudad de Roma con sus correcciones al "Miserere" de Gregorio Allegri (interpretado durante la semana santa en la capilla sixtina).

Se dice que su cuerpo estaba en constante movimiento. No paraba de jugar con las manos, que eran prodigiosas en el clavecín, pero torpes para el resto de las cosas comunes. En la mesa rara vez cortaba sus propios alimentos, su mujer lo hacía por él. Gran apasionado del billar y del amor de su mujer. Nunca bromeó con el amor.

Los genios tienen su energía desproporcionadamente concentrada en un único campo, lo que hace que normalmente sean imperfectos en la vida. En el caso de Mozart, el placer inmediato se apoderaba de él. Su espíritu quedaba absorbido por la infinidad de ideas que le rondaban, hecho que le volvía incapaz de responsabilizarse de su día a día. Desde joven tuvo una marcada predilección de componer música por la noche. Pasaba jornadas enteras sin dormir, olvidándose de su propio cuerpo y de sus necesidades. Caía enfermo constantemente, por lo que había que vigilarlo y recordarle sus necesidades.

El presentimiento de su muerte le obsesionaba. Vivía sumergido en esa melancolía habitual y silenciosa que transmitía en sus obras. La más reconocida por el público, "Don Giovanni". La que más representaciones tuvo, "La flauta mágica". La obra maestra por excelencia, el "Requiem". En "Las Noches de Fígaro" muestra un alma melancólica, apasionada, confundida. Un estado espiritual casi imposible de ser descrita mediante las palabras y perfectamente expresada por la música.

El Requiem fue un encargo hecho por un desconocido. Acudió a su puerta para pedirle una obra funeraria y solemne en nombre de un prominente noble que no quería mostrar su identidad. Mozart se obsesionó de tal manera que creyó que dicho encargo anunciaba su propia muerte. Antes de terminar su obra murió, apenas a sus 36 años.

Estoy cada vez más de acuerdo de que no existe un genio en las artes que requieren de una expresión emocional, sin que su sensibilidad roce la locura.