Sociedad de donuts

05.09.2013 15:32

Vivimos en una sociedad de donuts. El sistema está pensado para siameses, para personas que de forma figurada van pegadas de dos en dos con adhesivo o con algún otro producto pegajoso e invisible.

Revisamos el correo del día y encontramos ofertas muy atractivas de viajes y de ocio, sin duda alguna. Te interesas por alguna, pinchas, entras, y… ¡¡¡ta-ta-chan!!! O te buscas pareja o pagas por dos. La cuestión es que si quieres hacer algo sola lo tienes francamente crudo.

Por supuesto puedes organizarte tu propio viaje, buscarte gangas de última hora y ahorrar dinero por no llevar equipaje, pero olvidémonos de las ofertas que vamos recibiendo a lo largo de todo el año: masajes en pareja, una cena romántica para dos en un parador inolvidable, fin de semana para dos en Budapest, salto en paracaídas para dos, los clásicos 2x1 para cualquier tipo de actividad, entradas, comidas, cenas…

En fin, comprendo que algunos solteros y solteras se sientan mal por su situación personal, ya que la cuestión no es si uno se siente cómodo o no consigo mismo, sino que cómo la sociedad nos hace sentir por estar solos.

Además de la inaccesibilidad a las súper ofertas que están muy de moda en internet, repasemos algunas situaciones muy cotidianas que seguro más de uno ha vivido:

No vayas solo o sola a la playa ni a la piscina, porque deberás escoger entre: que te roben, o que mueras de calor por no poder bañarte. Sí, por supuesto que puedo pedir a algún extraño que cuide de mis pertenencias. En cualquier caso es un acto de fe que puede salir bien e incluso podemos llegar a ligar. Ni tan mal.

Ojo si el espacio en primera línea de playa está tremendamente solicitado. Más vale que llegues a las 8 de la mañana para poder disfrutar de tus horitas de gloria, ya que a partir de las 12 del mediodía, avalanchas de familias y grupos de amigos te cogerán la delantera a pesar de tener que esquivar con disimulo los salpicones de las olitas del mar. Disfruta de las horas matutinas; a las 12.30 estarás completamente desplazada de tu rectángulo de arena, y si por suerte permaneces en tu sitio, acabarás marchándote por voluntad propia. La jungla y las bestias se habrán apoderado de las orillas del mar.

En las terracitas donde puedes alargar la pierna mientras lees un rato, observarás cómo cedes muy educadamente la última silla que te queda libre para que acabe ocupada por bolsos, chaquetas y accesorios. Los grupos de más de una persona pueden disfrutar de este tipo de comodidades aunque la cafetería esté hasta los topes, pero una persona sola, si es realmente afortunada, se queda con la silla que ocupa y poco más. La mesa ya ha sido invadida hace tiempo y desde luego tu bolso y tu chaqueta están en tu regazo. ¿Dónde sino iban a estar?

Mi deseo para hoy es que la sociedad tenga un poquito de empatía con las personas que vivimos, viajamos, comemos, paseamos y disfrutamos solas. Al fin y al cabo, los donuts también pueden venderse en packs individuales…

 

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