Un domingo de San Valentín

14.02.2016 14:12

Un domingo de San Valentín. Supongo que esta tarde la televisión estará colmada de películas románticas y pastelonas (seguro que alguna caerá). Estos días "especiales" creados por la sociedad básicamente para fomentar el consumismo y de paso darle un empujoncito a la economía, no dejan de ser días cruciales para el futuro de muchas parejas. Días en los que sobre todo ellas ponen a prueba el amor de sus amados. He de decir que es un día de los que se arrastra en la chepa de la relación, ya que da pie a multitud de malentendidos y resentimientos. Por lo que a mí respecta podrían eliminarlo del calendario.

Hace una media hora he entrado a una cafetería, he hecho mi pedido y me he acercado a mi mesa habitual. Frente a mí en la ventana había una pareja joven alemana. Él se me ha quedado mirando como si fuera una aparición, lo que ha provocado que la novia se girase y se me quedara mirando a su vez. Lo más gracioso de todo es que al chico le daba igual si era yo o si era un caniche la que llegaba con la bandeja. Simplemente he entrado en su campo de visión y le resultaba una imagen novedosa, teniendo en cuenta que llevaban sentados un buen rato sin apenas decirse nada y con poco ajetreo en el local.

La situación es que desde que he apoyado la bandeja en la mesa hasta que estaba sentada con el portátil abierto, los auriculares puestos y echándole azúcar al café, el chico no se ha aburrido de observarme. Sinceramente, si fuera una mascota no pasaría nada, pero a día de hoy no me clasifico como tal así que me parece una falta de respeto bastante significativa hacia su pareja. Claramente ella conoce a su pareja, debe saber que ese interés por todo lo que invade su campo visual es normal, así que como dice el dicho... "ojos que no ven corazón que no siente",  ha optado por centrar aparentemente su interés en una revista y asunto arreglado.

A todas las chicas del mundo mundial nos molesta que sus novios miren a otras chicas... da igual si lo hacen de forma sutil, interesada o lasciva, nos molesta. Otra cosa es que lo entendamos ya que de vez en cuando también nosotras lo hacemos, y cuando nosotras lo hacemos no es precisamente igual que si entrara un caniche en nuestro campo visual. Cuando nosotras miramos a alguien fuera de la pareja... atención... algo nos ha llamado alarmantemente la atención. Tal vez por eso nos molesta que ellos se fijen en otras, porque inconscientemente podríamos estar dando por hecho que actúan igual que nosotras. Y es que el ladrón piensa que todos son de su condición.

Si os soy sincera, cuando quedo con una persona independientemente de que sea hombre o mujer, me parece de muy mal gusto que esté repasando con la mirada algún acontecimiento ajeno a nuestra mesa. Evidentemente que observamos lo que sucede a nuestro alrededor, no quiero que nadie malinterprete esta frase. Lo que quiero decir es que hay personas que por costumbre se centran más en el exterior que en el interior, hasta tal punto que a veces paras de hablar intencionadamente, y te das cuenta de que todavía sigue asintiéndote mientras mira a otro lado. En ese momento es cuando podría comenzar a relatar la historia del Quijote: "En un lugar de la Mancha cuyo nombre no consigo recordar...". ¡No pasaría absolutamente nada! Seguiría asintiéndome con la cabeza, sin duda.

Siento deciros que no suelo quedar con este tipo de personas. Pienso que para eso podría prepararme un café con leche en mi casa mientras leo un buen libro y de vez en cuando comentarlo con mis peluches. Eso no quiere decir que no sufra estas experiencias de vez en cuando. La última vez fue cuando quedé con un amigo para cenar. Fuimos a un restaurante del barrio. Pedimos varios platos para compartir, vino, postre y después una copa. Como podéis intuir fue una velada agradable entre dos amigos. Tras la cena tuve una cosa clara: aunque nunca me invadió el pensamiento de que algún día pudiera ser mi pareja, tenía la más absoluta certeza de que este amigo mío jamás podría ser mi pareja.

Digamos que durante la cena hubo muchos caniches invadiendo su campo de visión. Mientras le hablaba me fijaba en su mirada. Subía y bajaba, tanto que casi podía ver en sus ojos el reflejo de la silueta que estaba analizando minuciosamente. Sin embargo, de él sé que me estaba prestando atención. Con él no hubiera funcionado el relato del Quijote. Nos conocemos desde hace muchos años y sé que es capaz de hacer dos cosas a la vez, en este caso escuchar mis palabras y observar los movimientos de otra. Tal vez por eso sigo quedando con él para tomar algo o para salir a cenar. De alguna manera lo acepto porque sé que me escucha sin dejarse un detalle y además sé  que no hay riesgo de que surja un vínculo amoroso entre nosotros.

La siguiente vez que nos veamos prometo decírselo. Le diré que es un mirón maleducado y que no debería desnudar con la mirada a otras chicas mientras está cenando conmigo. A mí me da igual pero es verdad que los camaremos deben sufrir por mí. No me extrañaría que un buen día alguno me abordara de camino al baño y me advirtiera de que "mi acompañante" no es trigo limpio (me río).

La verdad es que deberíamos ser un poquito más sensibles y cuidar mucho más los detalles. Nos haría grandes y elegantes.
 

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