Sensaciones de Olores y Colores

06.03.2016 15:43

Definitivamente cada persona busca su manera de afrontar las situaciones adversas. Lo esencial es que no se lastime a nadie en el camino y que funcione. El hecho de si las personas que tenemos alrededor lo entienden o no, no es relevante.

Durante las últimas semanas he observado cómo tres personas reaccionaban de diferente forma ante los mismos acontecimientos. Cada uno representa su papel, muestra su carácter y personalidad, en proporción a la gravedad de las circunstancias. Como consecuencia de estas interacciones se van forjando las relaciones. Con algunas personas somos directos, con otras en cambio, nos comunicamos de manera más sutil porque prevemos su reacción. A algunas personas les contamos lo bueno como lo malo, a otras les contamos sólo lo bueno y a otras les contamos sólo lo malo. La actitud que tomamos en nuestras relaciones no es por casualidad, es porque necesitamos dirigir las consecuencias de las reacciones que se van a desencadenar.

Obviamente, quien carece de inteligencia emocional se comunicará con todos por igual, sin interesarse por las reacciones que sus palabras pueden provocar. Cuando era adolescente recuerdo haber vivido una época en la que me sentía muy extraña porque según mis pensamientos "no hablada con todas las personas de la misma manera". En la adolescencia se nos meten bandadas de pájaros en la cabeza y cualquier reflexión íntima posee el poder de hacernos heridas en el alma. En la adolescencia difícilmente sabemos identificar nuestras emociones y mucho menos gestionarlas.

Cuando me di cuenta de que con algunas amigas me comportaba tímidamente y con otras en cambio era una especie de jefecilla, llegué a pensar que no debía ser una niña muy normal. Eso sumado a otras cuestiones que sobresalían en mí, llegué a la conclusión de que lo que llevaba adentro era "un monstruo muy grande". Inexplicablemente era una niña que llegaba a los corazones de las personas. Sé que fui la debilidad de mis abuelos, sé que sigo siendo la debilidad de mi padre y sé que las personas que han ocupado un lugar privilegiado en mi corazón siguen acordándose de mí. A su manera, pero siguen acordándose de mí.

La cuestión es que transcurrieron los años y la vida me enseñó que había un abanico indescriptible de emociones. Como a la mayoría de los niños, nadie me enseñó a identificarlas así que cuando me tocó enfrentarme a la jungla de la calle, con las obligaciones, responsabilidades y lo más duro... con los vaivenes del amor... vi mi alma vestida de todos los colores. Recuerdo cuando miraba la televisión junto a mi madre y de repente le decía: "Mamá, no me gusta el ambiente de esa película. Cámbiala". Veía sensaciones por todas partes. Al explicarlo solía hacerlo en términos de colores, pero en realidad no eran colores, eran simplemente emociones y no paraban de cambiar.

Hoy en día mis emociones son estables. No siento que el ambiente a mi alrededor vaya cogiendo tonos distintos. Me siento segura y dueña de mis emociones. A veces los olores pueden llegar a transportarme a lugares y momentos sin ningún tipo de discriminación. Pueden ser momentos felices como trágicos. Los olores mantienen esa capacidad de cambiar mis "sensaciones", pero he conseguido retenerlas aparte sin que lleguen a acceder a mi mente. Un secreto: no me pongo perfumes ni colonias. Sólo me pongo un aroma de vainilla que no identifico con ninguna otra persona. Cuando mi perro Lur estaba vivo lo llevábamos él y yo, y ahora sólo lo llevo yo.

Los perfumes (con todo mi respeto) convierten a las personas en cromos en mi mente. Hay grupos de personas que huelen igual porque se ponen el mismo perfume. Cuando hablo de grupos de personas me refiero a personas que nada tienen que ver entre ellas, simplemente huelen igual y mi mente las clasifica en el mismo grupo. Normalmente en cada grupo hay un líder con quien asocio el olor. El líder es la cabeza del grupo que probablemente tiene o ha tenido un mayor impacto emocional en mí, así que automáticamente el resto de personas del grupo me recuerdan a él.

La teoría de los grupos y sus líderes en base a una "categorización olfativa" es un tanto peligrosa e incómoda. Si me dejara llevar por mis instintos, multitud de personas que me han demostrado ser grandísimas personas caerían en el saco de la indiferencia o en el olvido, sólo porque su olor me recuerda a alguien que prefiero mantener lejos. Soy consciente de ello y por supuesto no me dejo guiar por mis instintos. Un olor es un mundo.

Ahora mismo sentada en una cafetería tecleando mi portátil y escuchando música con los auriculares puestos (por cierto, escucho a Ronan Keating), percibo a ratos una ráfaga de vainilla que no es "mi" vainilla. Sin embargo, me recuerda a un quemador que me regaló mi ex con un aceite de vainilla. De vez en cuando impregnaba mi dedo en el aceite quemado y me ponía un poquito en las muñecas y en el cuello. Recuerdo perfectamente el olor de aquel aceite quemado. Duró poco, al igual que la relación con la persona que me lo regaló.

Cada ser humano debe buscar su manera de identificar las emociones. Puede ser a través de los colores, de los olores, de las palabras... pero es vital que sepamos identificar nuestras emociones para poder controlarlas. Si somos capaces de controlar nuestras emociones seremos capaces de ser felices a pesar de lo que esté ocurriendo afuera. En un rincón del caos siempre nos espera una pequeña luz. Cada momento difícil nos ofrece una lucecita a la que debemos aferrarnos para afrontar las circunstancias y ser felices. Si las personas que están alrededor nuestro no entienden que podemos ser felices en medio del caos, no debemos preocuparnos. No es relevante.

Busquemos la lucecita y disfrutémosla hasta que se apague. La luces de mi barrio se apagan todas las mañanas al salir el sol.